En alusión al artículo “Manuelita Sáenz, no fue como la pintan”, publicado en su edición N° 117 julio de 2010 cuya autoría es del señor Fabio Gómez Gómez (director y fundador de Órbita), considero oportuno hacer algunas precisiones al respecto: lo que algunos gobernantes hagan o no con los restos de Manuela Sáenz o de Simón Bolívar, no es relevante, lo que importa es aclararle a las actuales generaciones quien fue esta mujer y porque su vida es motivo de controversias y calumnias.
Manuela desde que nació fue estigmatizada por su condición de hija ilegítima producto de una relación adultera entre un funcionario español y una criolla aristócrata, y aunque pudo negociar su estatus político, económico, social y moral, como fue la preocupación de muchas mujeres a lo largo del siglo XlX en América Latina, no lo fue para ella, quien siempre actuó con decisión y valentía en una época donde se restringía el acceso a las mujeres a la vida pública. Su comportamiento no se ajustaba al canon de esos tiempos y por propia decisión no quiso otorgarle concesiones al sistema patriarcal predominante, quienes para conservar la “legitimidad” de su monopolio político le atribuían a la mujer una serie de defectos naturales como su incapacidad de razonar, de pensar, entre otras deficiencias mentales. La rebeldía que caracterizó a esta mujer fue tomada por sus enemigos y la sociedad del momento, para tejer en torno a ella toda clase de maledicencias y calumnias. La historia jamás le perdono su intromisión en la vida pública -acto reservado a los hombres-, como fue el atreverse a escribir y traducir cartas, proclamas y misivas y difundirlas públicamente, entre otros menesteres de orden político. Pero tampoco le perdonaron que siendo una mujer casada sin amor, abandonara a su marido para convertirse en la amante del Libertador Simón Bolívar.
¿Qué despertó odios y resentimientos, qué se benefició del poder? Eso es indiscutible; ¿Quién no lo ha hecho, teniéndolo? No quiero justificar a los que se aprovechan del poder en beneficio propio, de sus familias o amigos, lo que pretendo mostrar es hasta donde nos alcanza la misoginia de algunos hombres ilustrados en pleno siglo XXl, cuando trabajos de investigación bien documentados como el que hizo Judith Nieto López, titulado, “De literatura e Historia: Manuela Sáenz entre el discurso del amor y el discurso del otro”, dan cuenta que casi todo lo que se escribió alrededor de esta mujer fue literatura y ciencia ficción y que tan solo en los últimos 40 o 50 años, la historia la ha tomado en cuenta y ha ido valorando su arrojo y valentía, con la causa libertadora.
Que fue blanco de calumnias -así lo reconoce el articulista-, al afirmar “que su verdadera profesión no fue la de amante del Libertador, sino la de espía maledicente y oportunista”, lo cual no se ajusta a los hechos. Su principal papel fue la de ser la amante de Bolívar, ante una sociedad pacata e hipócrita que consideraba escandaloso su comportamiento, al declararse públicamente enamorada del Libertador.
Luego de la muerte de Bolívar, se le quita la pensión, se la encarcela y se destierra de Santafé a Jamaica, a su regreso a Lima Viagra whithout prescription y Quito, su tierra natal, también fue desterrada, y deambulando llega en un barco a Paita (Perú) lugar inhóspito y poco habitado, olvidada de la historia. Aquí se dedica a hacer de intérprete a viajeros extranjeros, hacer bordados y dulces, junto a dos esclavas, para ganarse la vida.
Los bienes dotales que le dejó su esposo en el testamento en 1847 y que ascendían a más de $8.000.00 -herencia de su padre-, no le fueron devueltos, cuando las leyes de su patria alegaron no tener derecho a ellos por su adulterio. Igual cosa sucedió con la herencia materna.
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AMELIA SÁNCHEZ DURANGO
Historiadora
Miembro de Número Centro de Historia de Envigado






Excelente artículo, la verdad es que muestra como los derechos de las mujeres se han vulnerado a lo largo de la historia y la importancia que como seres humanos tenemos todas y todos de hacer valer nuestros derechos sin distinción de edad, sexo, raza, opinión pólitica o religiosa, ni ninguna otra discriminación